Manantiales para el Alma

“Él volverá”: esperanza en un mundo que se desmorona

 

“Él volverá”: esperanza en un mundo que se desmorona

"Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. Mateo 24:44 (RVR1960)


Una confesión pastoral

Hay días en los que me levanto y, sin decirlo en voz alta, mi alma clama: “Señor, ¿cuándo vienes?”

No lo digo desde la desesperanza, sino desde esa mezcla entre anhelo y cansancio que sentimos los que hemos caminado por este mundo con el corazón puesto en el cielo.

Hemos caminado junto a madres que han llorado desconsoladas por sus hijos, hemos orado con familias que no saben qué van a comer al día siguiente. Hemos sido testigos de la injusticia que se repite una y otra vez, y cada día los medios nos inundan con noticias de guerras, violencia y pérdida. Sentido en carne propia el dolor de despedir a un ser querido, y nos duele ver cómo la violencia ha tomado no solo las calles, sino también los hogares y los corazones. En medio de todo esto, aunque a veces el alma se estremece, hay una verdad que no deja de sostenernos: Dios está presente… y Cristo volverá.


Manantiales para el Alma

La promesa que da sentido a todo

La segunda venida de Jesús no es solo un evento futuro. Es una esperanza viva que le da sentido a nuestro presente.

Cuando Jesús dijo en Juan 14:3: “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”, no estaba dando una cátedra teológica. Estaba hablando como un esposo que promete volver por su amada. Es una promesa íntima, tierna, poderosa. No estamos huérfanos. No estamos solos. Él viene por nosotros.


¿Cómo se espera al Amado?

No sé tú, pero yo no quiero vivir adormecido. Es tan fácil distraerse. La rutina, el trabajo, el estrés, incluso el ministerio… todo puede volverse ruido que apaga el fuego del primer amor. Y sin darnos cuenta, podemos estar ocupados haciendo cosas “para Dios” y olvidar que lo más importante es vivir con Él y para Él.

Esperar a Jesús es como esperar a alguien que amas profundamente. No lo haces con miedo, sino con gozo. No lo haces sentado, sino preparando todo. Así como una novia se alista con ilusión, así también nos preparamos en santidad, obediencia, y servicio. No es perfección, es corazón rendido.


¿Y si nos encuentra dormidos?

Jesús contó una parábola sobre diez vírgenes. Todas tenían lámparas. Todas se durmieron. Pero solo cinco llevaron aceite extra. ¿Sabes qué me habla eso? Que no basta con parecer creyente. No basta con estar dentro del grupo. Lo que marcará la diferencia es cuánto de Su presencia hemos atesorado en secreto.

Yo también he tenido etapas en las que sentí que mi lámpara se estaba apagando. En las que orar era difícil, y el cansancio del alma me pesaba. Pero ahí, justo ahí, el Espíritu me recordaba: “No te desconectes. No te enfríes. Él viene. No dejes que el ruido de este mundo silencie la voz del cielo.”


Vivir con los ojos en el cielo y los pies en la tierra

Esperar a Cristo no significa aislarse del mundo. Al contrario. Es amar más, servir más, sanar más, predicar más. Es vivir con urgencia, con compasión, con intención.
Es perdonar rápido, soltar el orgullo, orar por los que duelen, abrir la casa, compartir el pan, llorar con los que lloran. Porque cada día puede ser el último antes de Su regreso.

Y no lo digo para asustarte, lo digo para despertarte.



Conclusión: 

Que no nos encuentre distraídos:

Cristo vuelve. No es un mito. No es un consuelo psicológico. Es una verdad inmutable.
Y cuando venga, todo lo roto será restaurado, toda lágrima será enjugada, y todo lo que parecía perdido tendrá sentido. Él es el Alfa y la Omega. Y su regreso es el clímax de la historia de redención.

Hoy necesitamos preguntarnos, si realmente estamos esperando el regreso del maestro.  ¿Estás viviendo como si Jesús realmente fuera a volver?
¿O se te ha apagado la llama?

Si te sientes lejos, si la rutina te ha enfriado, si las heridas te han cerrado el corazón… vuelve no a la religión. Vuelve al fuego, al amor, a la esperanza.

Cristo vuelve por una iglesia enamorada, no por una iglesia ocupada.

Tal vez no podamos cambiar el mundo entero, pero sí podemos vivir hoy con propósito eterno.
Y cuando suene la trompeta, que nos encuentre despiertos, activos, adorando, perdonando, amando.


“Señor Jesús, sé que vienes. A veces me distraigo, a veces me canso. Pero hoy te entrego mi corazón una vez más. Llena mi lámpara. Hazme vivir con la mirada en tu regreso y el corazón encendido por ti. Ayúdame a estar listo. Amén.”

Publicar un comentario

6 Comentarios

  1. Amen gloria al señor por l
    El regalo de la salbacin bendiciones

    ResponderEliminar
  2. Hermosa palabra, que sacude nuestra vida a una realidad, que es por lo que estamos en pie. Por él

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Amén, así es. Su Palabra nos despierta, nos sacude y nos recuerda que si hoy estamos en pie, es solo por Su gracia y misericordia. Gracias por tus palabras llenas de verdad. ¡Que el Señor siga fortaleciendo tu vida y hablándote cada día con poder y amor!

      Pastor Osvaldo Rodríguez F.
      Manantiales para el alma

      Eliminar
  3. Hola Gloria a Dios por su palabra

    ResponderEliminar
  4. Hermosa palabra, que sacude nuestra vida a una realidad, que es por él que estamos en pie.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Amén, Yahaira. Qué bendición saber que la Palabra de Dios sigue tocando corazones y despertando verdades profundas. Es cierto, solo por Él estamos en pie, sostenidos por Su amor y fidelidad.
      ¡Gracias por compartirlo! Que el Señor continúe fortaleciendo tu vida cada día.

      Pastor Osvaldo Rodríguez F.
      Manantiales para el alma

      Eliminar

!Si este árticulo te ha sido de bendición no dudes de realizar tus comentarios. Tus aportes siempre son bienvenidos!