Manantiales para el Alma

“Corriendo al altar de Dios”

 

“Corriendo al altar de Dios”


Y vino la noticia a Joab; porque también Joab se había adherido a Adonías, si bien no se había adherido a Absalón. Y huyó Joab al tabernáculo de Jehová, y se asió de los cuernos del altar. 29 Y se le hizo saber a Salomón que Joab había huido al tabernáculo de Jehová, y que estaba junto al altar. Entonces envió Salomón a Benaía hijo de Joiada, diciendo: Ve, y arremete contra él. 30 Y entró Benaía al tabernáculo de Jehová, y le dijo: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino que aquí moriré.1 Reyes 2:28-29
 

“Corriendo al Altar de Dios”

Joab, general del ejército del rey David, fue un hombre valiente, estratégico y, hasta cierto punto, leal. Durante muchos años luchó por la causa del rey, pero también cometió graves errores y actos de violencia que finalmente provocaron su sentencia de muerte.

En los últimos momentos de su vida, sabiendo que el juicio se acercaba, huyó al tabernáculo de Jehová y se asió de los cuernos del altar. Aunque su búsqueda fue desesperada, su intención no era del todo espiritual, sino una medida de último recurso.

Este episodio nos deja una poderosa enseñanza espiritual: no basta con correr al altar de Dios; es necesario hacerlo con fe, obediencia y arrepentimiento. Muchos hoy corren al altar en busca de ayuda, pero sin una verdadera conversión o dependencia de Cristo.

Correr al altar no es suficiente

Joab recurrió al altar como un símbolo religioso, buscando salvación a su manera, no conforme a la voluntad de Dios. Esto nos recuerda que las formas externas de religión no garantizan redención.

“Las ordenanzas exteriores no sirven para la salvación.”
— Romanos 3:23: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”

Ni los rituales, ni la asistencia a la iglesia, ni las prácticas religiosas pueden salvarnos si el corazón permanece endurecido. El altar es eficaz solo cuando lo abrazamos con fe y dependencia del sacrificio perfecto: Jesucristo.

Asirse del altar con fe: el camino correcto

Veamos tres enseñanzas espirituales clave del acto de Joab y cómo se aplican a nosotros hoy:

1️⃣ Su acción: Corrió a los cuernos del altar

Joab corrió buscando misericordia. Esto ilustra cómo tú y yo, en medio de crisis, culpa o persecución, debemos correr espiritualmente al altar de Dios. Pero no a un lugar físico, sino a la persona de Cristo:

“Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo.” (Hebreos 13:10)

Cristo es nuestro verdadero altar. Correr a Él significa aceptar su obra redentora y confiar plenamente en Su sacrificio.

2️⃣ Su desesperación: “Aquí moriré”

Joab sabía que fuera del altar le esperaba la muerte. Nosotros también debemos morir… pero morir al pecado para vivir en Cristo. El apóstol Pablo dijo:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.” (Gálatas 2:20)

Aferrarse al altar es rendirse completamente a Jesús. Es decirle: “No tengo otro lugar a donde ir; si muero, que sea en tu presencia”. Esa es fe radical y total.

3️⃣ La promesa segura del altar: Vida eterna

Jesús dijo:

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna.” (Juan 3:36)

El altar representa reconciliación, perdón, justificación. En Cristo encontramos todo lo que Joab buscaba… pero de forma verdadera, no simbólica. El altar de la cruz sigue abierto, sigue llamando a todos los que corren con un corazón contrito y arrepentido.


Reflexión final:

No permitas que la religión o los rituales vacíos reemplacen la búsqueda genuina de la presencia de Dios. No basta con “estar en el altar” si no has entregado tu vida por completo.

Joab murió asido al altar… pero sin arrepentimiento. Tú puedes correr hoy mismo al altar espiritual de Cristo y encontrar vida, misericordia, perdón, paz y propósito eterno.

¿Estás corriendo al altar, pero aún aferrado a tus propios planes?
¿Estás buscando a Dios por miedo o por amor verdadero?
¿Te has unido realmente a Cristo, o solo a una forma externa de fe?

Te invito a que tomes un momento hoy, en oración, para correr al verdadero altar: Jesucristo.
Arrodíllate en lo secreto, confiesa tu necesidad, y aférrate a Él con todo tu corazón. Solo allí hallarás salvación.


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